Se retira la leyenda celeste del oro olímpico (27-02-2025)
Capítulo 33
La Máquina en tiempos de Corona-virus
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El cuadro cementero ha tenido grandes exponentes
bajo los tres palos. Desde quien puso la primera piedra para el nicho de
leyendas con guantes como Miguel Supermán Marín hasta Óscar El
Conejo Pérez, y ambos fueron campeones con el equipo de La Noria. Sin duda
alguna, Corona Rodríguez se une a la lista de próceres, debido a su longeva
calidad en el arco y sobre todo a su resiliencia para romper el maleficio del
club en una época muy adversa.
Con 504 juegos en Cruz Azul, 54 en el Tricolor
Mayor y 9 en el Olímpico hasta mayo de 2023, el arquero bautizado Yisus
Crown por el narrador Christian Martinoli edificó su gran trayectoria basada
en títulos y apariciones de Liguilla. Aunque por tres ocasiones se le escapó de
las manos el campeonato doméstico en la última instancia (una ante Monterrey y
dos ante América), el portero nacido en Guadalajara, Jalisco, fue pieza fundamental
para levantar el título de liga que faltaba a su currículum un 30 de mayo de
2021.
El campeón olímpico de Londres 2012 sabía que su
legado no estaría completo si dejaba cuentas pendientes con la nación azul y su
mayor deuda era la gloria del certamen local. Lo pensaba años atrás. Tenía que
ser campeón sea como sea, dijo para Exceso de humo, podcast de
Luis García y Christian Martinoli.
Sin embargo, el inicio del torneo Clausura 2021 no
fue ideal. En la misma entrevista Corona resumió el estado del once multicampeón
tras sus primeras dos jornadas: En ese mismo torneo cerramos filas porque
veníamos de un descalabro muy fuerte contra Pumas [remontada por 4-0 en 2020].
Fue un momento muy complicado para todos nosotros; después vino la eliminación
de Concachampions. Nos quedamos sin técnico. Renuncia el profe [Robert Dante]
Siboldi, llega Juan [Reynoso]. No tuvimos el mejor de los inicios con dos
derrotas [Santos y Puebla]. Éramos muy criticados.
El torneo cancelado, la remontada de Pumas y la
eliminación de Concachampions eran heridas abiertas todavía. Desde la aparición
del virus homónimo de Corona Rodríguez, había una serie de ilusiones destrozadas.
Cuando mejor rendía el combinado celeste en 2020, apareció el Covid-19 o la
maldición de la cruzazuleada. El arranque de 2021 no pintaba bien.
Con lo que parecía una debacle bastante pronto, el
guardavallas que está a un penal atajado de empatar el récord de Oswaldo
Sánchez en Primera División (25), describió cómo lograron cambiar el triste
rumbo de la locomotora azul: Fue importantísima una charla que tuvimos después
de esas dos derrotas en la cual cada uno expresó su sentimiento y qué podía
hacer [para levantarnos]… Fue importantísimo [conocer] el sentir de cada uno,
escucharnos, expresarnos y cerrar filas, saber que lo único que teníamos que hacer
era prepararnos, trabajar, cerrar la boca y aceptar la crítica… A partir de
eso, el equipo le dio vuelta a la moneda y fuimos líderes durante todo el
torneo.
A pesar del buen paso fecha tras fecha, había
crisis de resultados. Múltiples ocasiones la Máquina llegó a Liguilla como
Súper Líder. Ante la inexplicable pandemia de vitrinas vacías y cruzazuleadas,
se recurrió a otras situaciones más extra-cancha, por ejemplo, el coaching para
el alivio mental. Y como toda la afición después, también se hizo popular la
superstición, incluso entre jugadores. Eso sí, Corona atribuye todo el crédito
de la Novena a seguir trabajando. La cábala que siempre he tenido es entrar con
el pie derecho a la cancha. Es lo único, dijo al Dr. García y Martinoli. No
utilizo prenda cabalera. En una ocasión vi a un padre llevar agua bendita al
club y no funcionaba nada. Me revolvía en la cama pensando en cómo resolverlo
[ser campeón]. Trabajo, entreno, me dedico, ¿qué hago? Bueno, fue seguir
insistiendo.
Para nuestra fortuna y la suya, todos presentíamos
algo esa noche del 30 de mayo de 2021 y Chuy Corona también. De inicio te juro
que ya estaba seguro de que ésta (Final) era la buena. No había otra. No iba a
haber otra oportunidad para mí por la edad y todo lo que había sucedido, porque
también ahí se me terminaba el contrato y no había tenido renovación todavía,
confesó el veterano arquero. Chuy, ahí en la mente me lo decía. Ésta la tenemos
que ganar sí o sí. Nos olvidamos de todo y pensamos en jugar, en hacer lo
nuestro.
Así de convencido estaba del triunfo el eterno
capitán que durante su última atajada en pelota detenida frente a Santos
—mientras Carlos Acevedo hacía de Moisés Muñoz al minuto 92 con 44 segundos y
nos detenía el corazón a medio país—, me hizo recordar su despeje con los puños
por delante en Juegos Olímpicos. Sin importarle daños a terceros ni a sí mismo,
la determinación de Chuy para pelear la pelota contra Neymar Júnior en la Final
de Wembley fue de púgil fajador y nos hizo sentir seguros, casi campeones desde
el minuto 52, protegiendo la ventaja de 1-0 ante la Brasil de Hulk, Marcelo,
Alexandre Pato y la joven estrella del Santos.
Idéntica sensación me hizo evocar su última estirada
por la Novena. Corona hizo acopio del ímpetu de Londres en su salida ante el
guardameta lagunero, fue al choque arriesgando todo por el todo y atenazó la
gloria. En una región famosa por sus movimientos telúricos, Acevedo fue sólo
una parodia de Muñoz, convulsión que apenas hizo sonar la alerta sísmica del
corazón celeste. En cambio, Corona fue una réplica suya del Wembley de 2012,
pero ahora en el Azteca. Su determinación provocó un sismo de emociones, cuyas
sacudidas rebasaron el Coloso de Santa Úrsula y recorrieron la República
mexicana.
Fue quitarnos una losa muy grande de la espalda,
para nosotros y las familias que también lo sufren bastante, concluyó el ídolo
cementero. Para todos ellos va dedicado [el campeonato], para toda esa gente
que siempre estuvo con nosotros. También quiero agradecerle a la gente que
reconoció ese triunfo y que no solamente eran de Cruz Azul sino de otros
equipos.
CataEn una imagen inédita y sorprendente, un día después Yisus Crown fue presentado como refuerzo de los Xolos de Tijuana. Cosas del futbol.
Enlace a Azulado en cuarentena. Crónica de una novena anunciada (2023), libro de venta en Amazon y Kindle.
Diferencias entre refuerzos (Pasado reciente)
Cruz Azul 0-1 Tigres / 4 de febrero de 2023 – Jornada 4
Debut de 13 minutos en la derrota de Cruz Azul 0-1
Tigres. Carlos Vargas, exlateral de Mazatlán, hizo un Estephen Eustaquio e
igual que el mundialista por Canadá se lesionó en su primer juego con la
Máquina. Por si las dudas, cuídenlo bien. No nos vaya a salir otro crack
infravalorado. En esta época de austeridad no podemos menospreciar a nadie.
Pd (2025): Se fueron Juan Escobar, Pablo Aguilar, Sebastián Jurado, Luis Romo (y regresó), Uriel Antuna, Martín Anselmi, Vicente Sánchez y Vargas no se ha ido. Inrecíble del club.
* Viñeta del libro para colorear Para pitar y pintar a toda máquina. Colorea el Clausura 2023.
El histórico defensor de la resiliencia azul
Capítulo 1
Conjuro a traición. De sarcasmo a profecía
Treinta años sin ganar nada
y siguen reclamando, se expuso la afrenta en televisión nacional durante las
semifinales de la Copa por México, un 15 de julio de 2020. El de GNP era un
título de pretemporada; pero para el aficionado azul representaba un breve
consuelo tras la cancelación por pandemia del Clausura 2020, torneo donde el
equipo de Robert Dante Siboldi mandaba como líder hasta la fecha 10. Pese a los
reclamos e ilusiones, Cruz Azul también perdió ese trofeo de liga. Antes era
sobre la hora y esta vez, sobre el escritorio. El sentimiento fue el mismo. La
Liga MX determinó no declarar campeón a ningún club y de nuevo fuimos objeto de
mofa. Nadie conocía aún los modos de burla que podría inventar el destino para
todos los azules.
Ningún fan del club podrá olvidar esas palabras,
aunque no por los motivos de Javier Aquino Carmona. El insulto era familiar
para nosotros; pero la voz del sarcasmo, el autor de esa condena, fue una
traición inesperada luego que los celestes ganaran la tanda de penales en la
copa GNP. Vieran que salí de ahí. Treinta años sin ganar nada, fueron las
primeras palabras de Javier, extremo de Tigres, tras un conato de bronca entre
Dante Siboldi y Guido Pizarro. En tantos años de duelo por perder seis finales
de Liga y dos contra el América, el corazón de la afición azul se ha hecho cada
vez más de piedra; pero por quien había lanzado tal presunción, la frase caló
muy hondo. Por ser de cuna celeste, podría considerarse hasta abuso de
confianza. Aquino conocía las entrañas de La Noria, las vitrinas y los mitos de
la institución. Por ende, se había roto cualquier lazo de cariño y la gente se
lo ha hecho saber en el Estadio Azteca y por redes sociales hasta el hartazgo.
Javier Aquino conocía las heridas de guerra desde fuerzas básicas; sabía la urgente necesidad de un campeonato después de luchar por ello durante cinco años con el Cruz Azul en el circuito estelar. En ese lapso la Máquina le arropó como el hijo pródigo. El extremo oaxaqueño tuvo la exposición suficiente para ser seleccionado nacional y luego ganar el oro olímpico en Londres 2012 junto a Chuy Corona. El club lo vendió rápido al Villarreal y el jugador añadió su nombre a la breve lista de canteranos enviados con éxito a Europa como Paco Palencia, Aarón Galindo y Ricardo Osorio —recién Santiago Giménez—. Incluso, en el Clausura 2013 Aquino se despidió en un gran partido contra el Puebla, donde metió un golazo tras dos paredes con Teófilo Gutiérrez y Mariano Pavone. Se fue a festejar con la grada y puso sus manos en el escudo que besó. Era hecho en la institución y orgullo de su fanaticada.Por eso, cuando Aquino Carmona parecía haberse esfumado del club que lo hizo debutar, más allá de repatriarse con Tigres y campeonar cuatro veces con ellos —reconocimiento ineludible—, su regreso a la memoria de la afición celeste fue rutilante gracias a sus incisivas declaraciones: Treinta años sin ganar nada y siguen reclamando.
No obstante, hubo una resolución más dulce para
este drama. Aquino señaló un receptor del mensaje, un cementero de cuna igual
que él, pero leal por 17 años a la misma camiseta: Dale, Cata, levanta
la copa, levántala. El trofeo era de corcholata, eso lo sabíamos; pero el
agravio vino por lo demás. Echó sal a una herida aún abierta e hizo blanco de
sus burlas a un histórico defensor que no había sido campeón de liga.
Pese a su fidelidad con el club cementero, los detractores
del Cata le han tildado de bulto y el malo del cuento en esta etapa de
finales perdidas. El canterano nacido en fuerzas básicas tal vez no era el más
técnico con la pelota o rudo sin ella, quizá no lucía como en su mejor época;
pero el tipo quería resarcir su andar con el club. Sin pretenderlo, Aquino dio
un enemigo en común a las hordas de fanáticos molestos por los manejos del
expresidente Billy Álvarez, las gestiones de vestuario, la pésima suerte en
cancha… Cuando parecía que no había más razones para enfurecer, Javier vino a
inmolarse. ¿Era su acto de redención? ¿Quería distraer a los calumniadores del Cata con su figura de traidor e ingrato?
La Máquina quedó campeón del torneo amistoso tras
vencer a Chivas 2-1 en la final; pero la frase del extremo izquierdo comenzó
como otra cábala de mal augurio y pronosticaba un año maldito para el Azul en
el Apertura Guardianes 2020. Y en cierta medida lo fue porque a raíz de su sentencia
vino otro semestre dulce con desenlace amargo.
Aun así, la maldición del Cruz Azul como
subcampeonísimo fue perdiendo fuerza. O el conjuro de Aquino carecía de
malevolencia y se convirtió pronto en profecía. No lo sé, pero la cuenta de
títulos fue en aumento desde la pronunciación de Javier contra sus viejos
colores. Insisto, el efecto no fue inmediato, ya que se caminó por un semestre
igual de tortuoso que en el pasado; pero la profecía se cumplió y varias veces:
Dale, Cata, levanta la copa,
levántala.
El Cruz Azul dio un giro a su larga agonía de
títulos y en corto tiempo se convirtió en el equipo más ganador entre 2018 y
2021. Eso sí, la limpia que hizo la bruja Zulema a La Noria y al Estadio Azul
no tuvo nada que ver. Más mérito tuvieron Paco Jémez, Pedro Caixinha, Dante
Siboldi, Juan Reynoso, Cata Domínguez y Chuy Corona como referentes. La
nueva cara del club cementero comenzó un 31 de octubre cuando derrotaron por
2-0 a los Rayados de Monterrey en la Copa MX del Apertura 2018. Posteriormente,
los de la Noria ganaron la Súper Copa MX a Necaxa el 14 de junio del 2019 en
California, Estados Unidos, por marcador de 4-0 y después en ese mismo año la
Leagues Cup a Tigres (1-2). Sin embargo, la mayor victoria fue en el torneo
Guardianes 2021, cuando el 30 de mayo se logró romper una maldición que nos tuvo
23 años sin corona del certamen doméstico. En la Final de Primera división ganó
a Santos Laguna por marcador global de 2-1, gracias a la mayor conquista del Cabecita
Rodríguez.
En un festejo Catá-rtico, apenas puso fin el
silbante al partido de Vuelta, Julio Domínguez celebró hasta las lágrimas a
mitad de cancha en el Estadio Azteca. El canterano más longevo del club tenía
su anhelado desquite. Fueron 15 años de perseguir mi sueño. El apoyo de mi
familia fue importante para esto. Se me dio [el campeonato], dijo el defensa
central esa noche. Efigie de resiliencia y fidelidad a un club, de ésos que ya
no se ven con apego a la camiseta como Francesco Totti con la Roma o Alessandro
del Piero con la Juventus, así veré siempre a Cata. El futbolista chiapaneco soportó las críticas en redes, el hashtag #FueraCata y los gritos en el estadio local: su casa en el Azteca,
cuyo terreno debía ser refugio, se convirtió en campo hostil por el mínimo
error.
Por su parte, Bryan Angulo, también artífice de la
Novena desde el banquillo, sucumbió a los ataques de la grada y se marchó a
medio torneo Clausura 2022. En cambio, Julio César ha permanecido en la
institución pese a los abucheos, desprecio y malos resultados. De todo lo que
he pasado he tenido más tristeza por las finales que hemos perdido que
campeonatos, dijo Domínguez Juárez cual faquir de la Máquina en entrevista con
Javier Alarcón. Gracias a Dios llegó el fruto después de tanto tiempo, que fue
la novena; pero nunca desistí de ese sueño. Siempre lo tuve en mente.
Hermoso episodio también fue cuando a la par del
eterno capitán, José de Jesús Corona, el Cata
alzó el título. Fue una estampa que quedará para el recuerdo de todos y cuya imagen
con Yoshimar Yotún ocupando el primer plano en un salto de júbilo, se llevó el
premio a mejor fotografía en la categoría de futbol en el World Sport
Photography Awards 2021. La autora fue la mexicana Eloísa Sánchez de Alba.
Esa noche ganamos todos. El país quería ver a Cruz
Azul con su campeonato y se le cumplió su deseo. Había escuchado de la voluntad
de la masa, del poder otorgado por la comunidad a través del rezo y plegarias para
provocar acontecimientos. Si todos lo quieren, va a suceder; pero las buenas
intenciones en redes sociales, toda esta buena vibra alrededor, parecían insuficientes
para gestar lo inverosímil hasta que pasó. Es una cálida sensación de apoyo sin
reservas ni colores. Y el futbol me ha enseñado gestos igual de solidarios. Vimos
la misma empatía y anhelo colectivo, a nivel nacional y fuera de nuestras
fronteras. Sucedió un torneo después con los Zorros del Atlas y su título tras
70 años; sucedió en Qatar con Messi y su Copa del Mundo. Ante la ausencia de
Cristiano Ronaldo y Portugal en el desenlace del certamen, el universo fue más
justo con el fin de una época llena de récords y galardones. Así de razonable
fue el futbol con Cruz Azul y sus millones de fanáticos. Sólo había que tener
paciencia, como bien dijo Cata: Nunca
es tarde. La resiliencia y la perseverancia pueden lograr su objetivo. Tarde o
temprano llegan [...] Durante tantos años nunca desistí de ese sueño y se logró
gracias a Dios.
El fin de la tragedia solo fue el inicio de una etapa dulce, ya que el equipo celeste alargó su racha de trofeos. Obtuvo la Copa de Campeones 2020-2021 ante el Club León por resultado de 2-1. Asimismo, tras el campeonato de Atlas en la Liga MX, ambos conjuntos compitieron por la Súper Copa MX 2022, ya que eran los últimos clubes en haber ganado torneos de Liga. El Azul definió el título en la tanda de penales con Santiago Giménez como figura y Julián Quiñones como villano.
Pese a las críticas de su propia afición y burlas de
aquellos “hermanos” de cuna futbolística, Julio Cata Domínguez levantó el
último título con la Máquina en 2022 como un ícono de la zaga celeste. El
defensor con 655 juegos y 17 años de carrera lo ganó todo en México portando un
solo jersey desde su debut profesional en 2006 y deja una linda trayectoria
antes de colgar sus tachones.
Dale, Cata,
levanta la copa. Levántala, predijo Javier Aquino en 2020 con efecto retardado
para el siguiente año. Lo que no anticipó el extremo mexicano fue que el histórico
central sería baja del plantel cruzazulino un 27 de mayo de 2023. La directiva
no renovó su contrato y dejó ir por la puerta de atrás a un jugador
institucional que pensaba retirarse en casa. Entonces Julio César haría lo impensado
a sus 35 años: fichar por el Atlético de San Luis y disputar el Apertura 2023
con el rojo y blanco en su indumentaria.
Se siente un vacío en el estómago, no esperaba esta situación, pero estoy tranquilo, confesó el futbolista chiapaneco a León Lecanda en entrevista para ESPN. Me hubiera gustado retirarme acá porque durante tantos años sólo he defendido una playera. Desde niño amo estos colores. Desafortunadamente es así, los ciclos terminan. Entregué todo por el club, a esta gran institución, con ese profesionalismo durante tantos años…
Gracias, Cruz Azul, por abrirme las puertas y poder cumplir mi sueño que le prometí a mi padre y familia en debutar y ser campeón en el equipo de mis amores, publicó Cata Domínguez en Instagram con su último mensaje como cementero. Hoy me toca despedirme con nostalgia y felicidad, pero sobre todo en paz, les deseo mucho éxito y que Dios los bendiga.
Enlace a Azulado en cuarentena. Crónica de una novena anunciada (2023), libro de venta en Amazon y Kindle.
Introducción a mi libro de crónica y viñetas sobre La Novena celeste
En 2019 odiaba el futbol. No sé si sería por el aumento de deberes en mi trabajo como profesor de prepa y la falta de tiempo para ver los partidos; no sé si sería por la mala gestión de Cruz Azul a partir de 2013, ya que la final del 2018 fue desabrida y rotundamente decepcionante; no sé si sería por mi sobreexposición al futbol llanero y profesional como reportero para Zócalo Saltillo allá en 2012… O quizá fue la suma de todo, pero no recuerdo nada épico ni emocionante para hacer memorable la Era Boing[1]. La Máquina jugó contra el Real Madrid de Cristiano Ronaldo en el Mundial de clubes 2014, pero sucedió antes del oscurantismo patrocinado por la marca de bebidas.
En esa época tan gris, el vínculo entre el club y yo estaba
roto. Sin embargo, del odio al amor sólo hay un virus. El bicho que se haría
famoso en el mundo cambiaría mi relación con Cruz Azul; pero no hablo del ídolo
portugués, intérprete original del Siiiuuuu y antagonista de Messi por
quince años, sino del SARS-CoV2 y todas sus variantes.
Previo a una reunión de padres en febrero, vi la primera
noticia en YouTube relacionada con la enfermedad y fue en un canal que no
conocía: Mandarín Lab. Una joven mujer con rasgos orientales resumía la
nota en español y desde China, porque no les dejaban abandonar el país. Desde
la comodidad de mi cama, juzgué el acontecimiento como algo fuera de mi alcance…
Hasta que el 27 de febrero de 2020, según recuerda el Dr. Paco Moreno en Historias
de una pandemia (2022), se informó oficialmente la presencia del primer
caso de Covid-19 en México. Enseguida, el 11 de marzo del mismo año la
Organización Mundial de la Salud clasificó el coronavirus como una pandemia, ya
que afectó a tres de los seis continentes. A partir de este anuncio, vino una
sucesión atropellada de eventos.
De acuerdo con El Economista, la junta de dueños en
Asamblea Extraordinaria de la Liga MX acordó concluir anticipadamente el
Clausura 2020 en sus ramas varonil y femenil. Los dos torneos de liga ya habían
suspendido su actividad el 15 de marzo tras disputar la décima jornada. Trascendió
que varios clubes no quisieron enfrentar ni viajar a la sede del Santos Laguna
tras presentarse 12 positivos por coronavirus en las filas de los Guerreros. Para
entonces Cruz Azul iba de líder en la competencia y Cabecita Rodríguez
se enfilaba como máximo romperredes. La Máquina sólo sería víctima de otro
chasco inédito, mofa que requería una calamidad de escala mundial para rematar
el chiste: cancelaron el torneo.
Y, con tan mala suerte para nuestro club, que ni siquiera
hubo campeón por su posición en la tabla.
Según datos del diario Récord, tuvieron que pasar 88
años y 114 torneos consecutivos para que el trono del futbol nacional se
quedara vacante. El único precedente se remonta a la temporada 1930-1931,
cancelada por la separación de los clubes España, Necaxa y América de la
Federación Mexicana de Futbol.
A su vez, en un caso igual de insólito, la SEP suspendió
clases un 20 de marzo de 2020 para 30 millones de jóvenes estudiantes,
adelantando las vacaciones de Semana Santa hasta el 20 de abril. Después tuvo
que alargarlas y dio inicio al Megapuente de Benito Juárez. Durante los
primeros días del cese a la educación presencial todo fue risas y celebración
entre mis alumnos de bachillerato. No anticipamos lo que duraría el encierro,
tampoco el miedo ni la incertidumbre. Teníamos a hora y media de camino a la
ciudad más famosa del país por un violento brote de la enfermedad. Monclova,
Coahuila, fue llamada la Wuhan de México.
El Hospital General de Zona No. 7 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) fue la zona cero, el epicentro, donde se contagiaron y murieron médicos, enfermeras y pacientes, quienes esparcieron el virus a toda la ciudad, informa el periódico El Siglo de Torreón. El Paciente Cero, que trajo el virus a Monclova, lo habría adquirido en Chicago, Estados Unidos, en un viaje de trabajo […] Se trataba de un operador de camiones de quinta rueda que llevó un cargamento a la unión americana, donde fue contagiado. El operador de tractocamiones, de 42 años y originario de Piedras Negras, ingresó el 15 de marzo de 2020 a la sala de urgencias con un cuadro respiratorio agudo diagnosticado como neumonía.
Fui afortunado. Soy consciente de mi privilegio como servidor
público por haber sido trabajador “no esencial”, ya que se nos permitió dar
clases vía remota desde nuestro domicilio; aun así, aunque fuera por voluntad
propia, estuve en cautiverio. ¿De qué forma padecí el encierro sin perder la
cordura durante casi dos años? Tuve un par de salvavidas para mantenerme en mis
cabales: Cruz Azul y el dibujo. Bien lo dijo Eduardo Sacheri tiempo después para
Exceso de humo, podcast de Christian Martinoli y Luis García: A veces,
el futbol, el juego en general […] viene a cicatrizar heridas que nacen en
otros sitios, viene a enderezar injusticias que se crean en otros lados. Más
allá de la otra epidemia —cero títulos de liga para Cruz Azul desde 1997—, no
había peor agonía para mí que la incertidumbre por culpa del coronavirus, sobre
todo para alguien que se tomó las medidas de prevención muy en serio, en un
afán de no abusar de su suerte como docente. Sin embargo, vaya idilio de tres
temporadas que tuvimos con el club de La Noria. ¿Quién iba a adivinar que el once
cementero nos daría espectáculo y aspiraciones de campeonato durante tres torneos
consecutivos? ¿Quién creería que en un semestre la Máquina de Juan Reynoso nos daría
salud mental durante la cuarentena y luego la cura para la subcampeonitis?
A lo largo de los meses en el claustro de mi domicilio, como
una Sor Juana sin talento ni devoción por el estudio o la creación literaria,
me dediqué a una faena que había olvidado por 15 años: dibujar. Todo 2020 fui
un disciplinado autodidacta del grafito, el carboncillo, el color y sobre todo
la tinta. Empecé dibujando conocidos de mis redes sociales, luego cumplí retos
como el Inktober. Preocupado por mi bienestar y el de mi familia, no
tuve cabeza para escribir ficción, leer o ponerme a estudiar —aunque por años
pedí tiempo para hacer cada una de ellas—. Dar mis clases a distancia me
mantuvo atento a la realidad de estudiantes y familias. Me comunicaba más por
audios que por texto para dar prioridad a mi nuevo pasatiempo mientras los oía:
hacer retratos, viñetas o cartones sobre futbol. No vi películas, series ni
documentales como el resto de la humanidad. No me puse al corriente con Netflix
ni su competencia. Apenas fijé mi atención en el papel y lápiz, me aficioné a
los podcasts de YouTube y los partidos de Cruz Azul para llenar el silencio de
la habitación donde hacía mis ilustraciones.
El club de La Noria fue conocido en México como el subcampeonísimo, pobre alarde del que queda en segundo lugar por la mínima diferencia. Incluso, cruzazulearla rebasó las fronteras del argot pambolero hacia otros campos lingüísticos. Ahora es de dominio público y sinónimo de perder en el último minuto. No es avalado por la RAE todavía, pero poco le falta. Varios curules americanistas, por ejemplo.
La etiqueta de frustrado ya tenía dueño. Por eso, la
constante derrota y humillación forjaron la letra escarlata del aficionado
cementero, marca a hierro candente sobre el perdedor más cercano a la meta.
Seis ocasiones consecutivas fuimos señalados por la ignominia del acero —a cero
títulos— y dos por el América. Fracaso tras fracaso en la última instancia, ¿qué
nos queda por hacer? ¿Una apología del segundo lugar? David Foenkinos lo hizo en
su novela Número dos: Puede que la vida humana se resuma en eso, en una
incesante experimentación de la desilusión, para desembocar con más o menos
suerte en la gestión del dolor.
Sus palabras no me dieron alivio ni esperanza alguna en un
principio, pero me invitaron a perdonar a la Máquina y a escribir este libro
con 35 capítulos y más de 60 cartones. Vaya que los fanáticos de corazón azul somos
buenos administradores del desencanto. Tras obtener el añorado título de liga,
mi gestión del sufrimiento celeste encontró cauce en un proyecto que comenzó de
juego y acabó con más de cien páginas en un año de escritura. A fuerza de tanto
perder finales y soportar la desilusión, la fe del cruzazulino se hizo recia y
paciente. Incluyendo la mía para redactar esta suerte de ruta cabalística hacia
la Novena, bitácora del campeón juego a juego y carta de reconciliación con el club
para perdonar dos décadas de espera.
La cura estaba en la derrota, mía y suya. Bien lo sintetiza
el futbolista Lorenzo Faravelli a La Nación: Para ganar, primero hay que
perder. Perder es necesario. Perder no solo en el fútbol, en la vida. Los
momentos en los que más crecí como ser humano fueron después de una crisis.
Encontré soledad y crecimiento personal. Fue cuando más me conocí. En los momentos
malos, en los fracasos […] Eso te da una fortaleza y le da otro valor al
triunfo.
Como si fuera compensación por todas las tribulaciones pasadas, el conjunto celeste tuvo su más alto rendimiento en año y medio. En ese lapso dominó la Liga y Concachampions. Fui testigo de sus resultados y capturé desde el restirador su hazaña o fracaso en una caricatura. Hoy persiste el hábito de ilustrar cada juego[2]. La crónica, mentiría si no, la escribí más tarde con profundo placer y nostalgia. Paladeando el recuerdo con palabras de experiodista, parodiando la hazaña con mis trazos de monero principiante.
Este año es el bueno fue una expresión de la nación azul que pregonaba un optimismo desbordado, e injustificado para algunos, hasta que en 2021 se cumplió la cábala. Siempre se deseó el campeonato pese a las frustraciones pasadas; siempre hubo fe a pesar de la pandemia, ya sea de coronavirus o vitrinas vacías. De segundo a segundo por 23 años, Cruz Azul cultivó la fama de subcampeonísimo y de perder en el último minuto. Hacerle una remontada se volvió el mayor refrito del futbol nacional. Sin embargo, en el Clausura 2021 el club cementero por fin dejó de ser el número dos gracias a un equipo de leyenda.
Bendito futbol. Gracias a Juan Reynoso, Cabecita Rodríguez, Luis Romo, Ignacio Rivero y compañía, nos reconciliamos la Máquina celeste y yo. Pude sacar la tensión por estar atrapado en casa, pude distraerme de las fake news y su apocalipsis, pude celebrar un título en medio del caos, pude gritar de júbilo en tiempos de zozobra. Antes que la vacuna, Cruz Azul fue remedio para aliviar el desasosiego; fue un cantar de gesta con héroes de carne y hueso que planteó un horizonte más optimista. Ganar la Novena, medicina placebo de la angustia, nos alivió el corazón y profetizó el fin de un período terrible, tanto futbolístico como sanitario.
Miguel García, 2023.
Enlace a Azulado en cuarentena. Crónica de una novena anunciada (2023), libro de venta en Amazon y Kindle.
[2] Visita mi fanpage de Facebook “Azulado en cuarentena, cruzazuleadas y cosas peores”.






















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