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La última debacle que nos pondría mamadísimos

 Capítulo 4

 ¿Madre de todas las cruzazuleadas?

No hay nada peor que cantar una victoria antes del silbatazo final, porque se corre el riesgo de que la champaña se quede en el hielo. El dicho es tan antiguo que forma parte de los cánones periodísticos para hacer bromas en titulares de la sección deportiva. Eso lo aprendí gracias a la historia de Saraperos de Saltillo. El club de béisbol se sentía campeón en 1971 y perdió la Serie Final de la LMB cuando Charros de Jalisco se levantó de un 3-0, igualando la serie en el parque Francisco I. Madero para ganarla luego en casa.

Por fortuna, vi campeonar a la Nave Verde en 2009 luego de 40 años de ser El ya merito y pude reportear su historia desde muy cerca. Por eso mi paciencia con Cruz Azul luce renovada cada torneo. La malaria se iba a terminar algún día. Además, en el Apertura Guardianes 2020 había indicios de regularidad en el equipo al conservar la base de jugadores, después de ser líder en la tabla del torneo cancelado. También fue buena señal apuntalar el cuadro de refresco, sin añadir figuras más que gente como Shaggy Martínez, puro corazón, o las incorporaciones de Santiago Giménez, Misael Domínguez o Alexis Gutiérrez, apostando por la juventud.

El ímpetu de la campaña anterior, la inercia de triunfos en el Apertura 2020, la Copa por México GNP, la corona de goleo (12) para Cabecita Rodríguez, el barullo por la frase de Javier Aquino y sobre todo la escandalosa goleada a Pumas por 4-0 durante el juego de Ida en el Estadio Azteca, parecían prever un cruce sin turbulencias. Todas las condiciones se reunieron para pronosticar una humillación en Ciudad Universitaria. Nadie esperaba que fuera la nuestra.

El 3 de diciembre de 2020 la Máquina de Cruz Azul puso pie y medio en la Final después de golear a Pumas, exhibiendo a los felinos en la era de Lillini. Con dos minutos en el reloj y a través de un tiro de esquina, Orbelín Pineda controló el balón y superó al guardameta Julio González, en ausencia de Alfredo Talavera por lesión (1-0). El primer gol confundió a la escuadra universitaria y al minuto 8 recibieron un golazo de treinta metros, a pie de Rafael Baca (2-0). El gran festejo del contención mexicano auguraba un tránsito sereno en la antesala por la Novena.

Enseguida, Luis Romo consiguió dos de los cuatro goles del Azul. Gracias a un toque de Roberto Piojo Alvarado al 13’, Romo quedó con ventaja y remató de primera un tiro potente para el 3-0. El cuadro felino se mostró inseguro en todas sus líneas y así acabaron 45 minutos. La segunda mitad también fue para el local. Cuando el equipo de La Noria apretó de nuevo, consiguió el póker al 65’ a través del Piojo, pero fue anulado por offside revisado desde la cabina del VAR. La Máquina no dejó de insistir. Los ocho minutos añadidos parecían de trámite, pero los de Dante Siboldi ampliaron la ventaja. En tiempo agregado, Bebote Giménez retuvo la pelota y filtró a Romo, quien con tiro raso y fuerte venció la portería que extrañó más que nunca a Alfredo Talavera.

 

OTRA NOCHE TRISTE

Con sobrada confianza por el 4-0 en la Semifinal de Ida y el triunfo de Checo Pérez en la Fórmula 1 gracias a su tercer lugar dentro del Autódromo Hermanos Rodríguez, quise hacerla de oráculo y combinar ambos episodios. Fue una proeza deportiva que no iba a consumarse jamás. Pudo más mi entusiasmo como aficionado al Azul o a la caricatura, pero sólo fui un charlatán del augurio.

De manera increíble, Cruz Azul no pudo aprovechar su superioridad de cuatro goles frente a Pumas UNAM y perdió por 4-0 el domingo 6 de diciembre en el juego de Vuelta. Lo que cualquier fanático del Azul temía era el madruguete y la broma llegó a 4 minutos de iniciado el partido. Un tiro de esquina quedó en los pies de Juan Ignacio Dinenno para inaugurar la pizarra en 1-0, y se abrieron las apuestas. A los 37 minutos del encuentro, el artillero de Pumas se encargó del 2-0 e hizo babear a los tremendistas. Luego, gracias a este inesperado marcador, los locales se volcaron por la hazaña y nosotros por las veladoras. A los 41 minutos, Carlos Gonzáles hizo el 3-0 y así nos fuimos todos al descanso. Los jugadores recuperaban fuerzas y nosotros, el alma.

El sabor a sangre podía paladearse. El miedo estaba latente. Bastaba con ver las caras del Piojo Alvarado o Shaggy Martínez en transmisión nacional; los jugadores lucían desorientados y temerosos. En el marco no había la seguridad de un veterano como Jesús Corona por coronavirus y su ausencia exhibía a Sebastián Jurado. El estigma de la cruzazuleada hacía pesado el aire. Hasta uno como aficionado lo reconocía a miles de kilómetros. Acostumbrado al desconsuelo con Cruz Azul, se sufre dos partidos en uno: la primera mitad es de noventa minutos y la segunda, el tiempo agregado del árbitro.

El complemento fue de ida y vuelta; pero a los 89 minutos Juan Vigón coronó la obra con el 4-0 que dio a los Pumas su acceso a la Final. Cruzazuleada en su máxima expresión. Y aunque la noche será inolvidable para los dos bandos, esta derrota fue un parteaguas para los juegos tibios del clásico sin muchos reflectores. No había antecedentes frescos para azuzar una rivalidad deportiva que históricamente tenía equilibrio en resultados. No había dominio de nadie ni paternidad alguna. Hasta que un 6 de diciembre de 2020 la rebelión se apoderó de la oncena de Andrés Lillini e hizo lento un calvario para los de Robert Dante Siboldi. Desde entonces cada enfrentamiento está rebosante de pimienta, porque su épica fue una osadía similar a la del América del 2013; así se sintió el corazón azul con la afrenta del “¡Goya, Goya, Universidad!” E igual que con el mexicano Memo Vázquez, director técnico de entonces ante los de Coapa, cayó la cabeza del DT uruguayo por un score tan vergonzoso.

Me gustaría decir que, en mi protocolo de monero novato, descarto hacer un boceto a lápiz antes de ver confirmada la noticia del triunfo. Sin embargo, faltaba un descalabro más para arraigar esa idea en mi proceso interno de dibujo. Con el próximo partido aprendí, muy a la mala, a no adelantarme a los hechos. Buenos hábitos que son secuelas del cruzazulismo.

¿Cuál derrota ha sido peor: si la del América en 2013 o la de Pumas en 2021? No le veo sentido a esa pregunta. Es más cosa de morbo para vernos sufrir al responder porque las dos han sido igual de dolorosas e irritantes.

Aunque la Liga MX nos ha dado la oportunidad de la revancha contra los aurizaules en los Clausura 2021 y 2022 por marcadores de 1-0 y 2-1, respectivamente, la daga sigue en el mismo sitio. Como siempre he dicho a los americanistas, las revanchas se dan en escenarios idénticos. Por ello, en cada Liguilla ansío que las tómbolas nos pongan en el cruce con los felinos.

Dicen que los errores nos hacen más fuertes. Nadie imaginaba esa noche una hombrada de Pumas que nos haría pagar la presunción de la victoria. Eso sí, tampoco nadie esperaba que esa vergüenza nos pondría mamadísimos para el Clausura 2021.

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El romperredes charrúa que se sumó a la pléyade azul

Capítulo 2

¡Nuevo campeón de goleo! ¿Una buena señal?

En un torneo anómalo, sin público en las tribunas y con las bancas reducidas por contagios, Jonathan Cabecita Rodríguez logró buena cosecha de goles durante el torneo Clausura 2020 —interrumpida por el coronavirus en 9 dianas— y en el siguiente alcanzó la cifra de 12 conquistas para grabar su nombre en la historia del club y el futbol mexicano.

Con este rendimiento el ariete uruguayo se sumó a una corta lista de próceres azules, ya que se convirtió en campeón de goleo del Apertura Guardianes 2020 y en cómplice para clasificarnos a Liguilla contra los Tigres de la UANL. El panorama lucía propicio para dar pelea en Cuartos de Final con juego de conjunto y amenaza latente en el área rival. El exjugador del Santos Laguna era la apuesta de todos.

Desde el Apertura 2009, ningún centro delantero de la Máquina había alcanzado la insignia de máximo romperredes en el balompié azteca. Y si consideramos que sólo cuatro futbolistas de La Noria se han coronado de esta manera en más de medio siglo de Cruz Azul en Primera división, el listón luce bastante alto y la hazaña del charrúa gana más notoriedad.

El primer campeón de goleo fue el histórico Horacio López Salgado con 25 anotaciones en la temporada 1974-75. El segundo fue Carlos Hermosillo; sin embargo, él lo hizo por tres torneos consecutivos (1993-94, 1994-95 y 1995-96), con 27, 35 y 26 dianas, respectivamente. Por ello es el máximo goleador histórico del club con 197 conquistas. Irónicamente, fue campeón hasta el Verano de 1997. El tercer tipo en lograr esa distinción fue el uruguayo Washington Sebastián Loco Abreu, quien defendió nuestros colores por breve periodo y fue máximo anotador del Verano 2002 con 19 goles. El último delantero de Cruz Azul que recibió tal reconocimiento fue el argentino Emanuel Villa. Tito estuvo tres años con los cementeros y fue en el Torneo de Apertura 2009 donde logró el hito de 17 goles.

Por muy rutilante que sea el título de goleo, la estadística no marca una circunstancia a favor del Azul. El club no ha sido campeón de Liga gracias al poderío de sus atacantes recién cubiertos de blasones. Ni con López Salgado, Carlos Hermosillo, Loco Abreu o Tito Villa se alcanzó tal proeza. De hecho, históricamente, contender por el trofeo de Liga con el mejor artillero del certamen en el once estelar, nunca ha sido ventaja para los cruzazulinos.

Ante los Tigres de Gignac, Jonathan nos dio esperanzas por su gol a Nahuel Guzmán en el juego de Ida para hacer la diferencia 2-1 y avanzar después por marcador global (3-2); sin embargo, su botín dorado perdió brillo en la siguiente llave de eliminación directa. Ese torneo sufrimos dependencia del goleador charrúa y el secreto para vencernos era anularlo del partido. En resumen, la clave para ser campeón con Cruz Azul estaba en otro aspecto del juego y no en las individualidades. Comprobaríamos esta máxima del balompié con el descalabro ante Pumas UNAM en la Semifinal de Vuelta del Apertura 2020. En esa fase crucial del campeonato, Cabecita se retiró inédito del Estadio Olímpico.

Entonces, no es una buena señal ostentar en tus filas al goleador del torneo rumbo a la Liguilla. Por antecedentes del conjunto azul, no lo es, ya que resulta más un lastre a causa de la presión mediática o subordinación del equipo al desempeño de su jugador estrella.

No obstante, la misma condición estuvo por repetirse en el Clausura 2021 con el ariete uruguayo, quien presumía nueve dianas para pelear por el máximo honor de su gremio contra Pedro Alexis Canelo (11), de Toluca, y Nicolás Ibáñez (10), de Club Atlético San Luis. Para fortuna de los aficionados supersticiosos, el exjugador de Peñarol se quedó sin galardón esa temporada y acumuló la suerte del artillero para gritar gol dos veces en Liguilla, uno de penal ante Toluca en Cuartos y otro fantástico contra Santos Laguna en la Final.

El tiro que venció a Carlos Acevedo, inmortalizado por la lente del periodismo nacional, tiene su lugar como una de las instantáneas más recordadas por la gente tras el adiós del célebre charrúa al futbol árabe. Fue tan emblemática la conquista de Jonathan Rodríguez en el Estadio Azteca que ni siquiera su retorno a México para vestir el jersey del más odiado, puso en duda su leyenda dentro del club.

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Se retira la leyenda celeste del oro olímpico (27-02-2025)

Capítulo 33

La Máquina en tiempos de Corona-virus




D

esde que llegó procedente de Tecos en 2009, el romance de JJ Corona con la tribuna jamás se pintó de otro color que no fuera el azul. En su aventura con la Máquina el guardameta de 42 años lo ganó todo en México y con la Selección Olímpica obtuvo una de las mayores conquistas a nivel internacional para su país. No obstante, pese a sus récords y estadísticas en Liga MX o Juegos Olímpicos, José de Jesús Corona nunca fue titular en las copas del mundo celebradas entre 2010 y 2022. Ésta es la única mancha para su gran palmarés, con catorce años de militancia en el Azul y veinte de carrera.

El cuadro cementero ha tenido grandes exponentes bajo los tres palos. Desde quien puso la primera piedra para el nicho de leyendas con guantes como Miguel Supermán Marín hasta Óscar El Conejo Pérez, y ambos fueron campeones con el equipo de La Noria. Sin duda alguna, Corona Rodríguez se une a la lista de próceres, debido a su longeva calidad en el arco y sobre todo a su resiliencia para romper el maleficio del club en una época muy adversa.

Con 504 juegos en Cruz Azul, 54 en el Tricolor Mayor y 9 en el Olímpico hasta mayo de 2023, el arquero bautizado Yisus Crown por el narrador Christian Martinoli edificó su gran trayectoria basada en títulos y apariciones de Liguilla. Aunque por tres ocasiones se le escapó de las manos el campeonato doméstico en la última instancia (una ante Monterrey y dos ante América), el portero nacido en Guadalajara, Jalisco, fue pieza fundamental para levantar el título de liga que faltaba a su currículum un 30 de mayo de 2021.

El campeón olímpico de Londres 2012 sabía que su legado no estaría completo si dejaba cuentas pendientes con la nación azul y su mayor deuda era la gloria del certamen local. Lo pensaba años atrás. Tenía que ser campeón sea como sea, dijo para Exceso de humo, podcast de Luis García y Christian Martinoli.

Sin embargo, el inicio del torneo Clausura 2021 no fue ideal. En la misma entrevista Corona resumió el estado del once multicampeón tras sus primeras dos jornadas: En ese mismo torneo cerramos filas porque veníamos de un descalabro muy fuerte contra Pumas [remontada por 4-0 en 2020]. Fue un momento muy complicado para todos nosotros; después vino la eliminación de Concachampions. Nos quedamos sin técnico. Renuncia el profe [Robert Dante] Siboldi, llega Juan [Reynoso]. No tuvimos el mejor de los inicios con dos derrotas [Santos y Puebla]. Éramos muy criticados.

El torneo cancelado, la remontada de Pumas y la eliminación de Concachampions eran heridas abiertas todavía. Desde la aparición del virus homónimo de Corona Rodríguez, había una serie de ilusiones destrozadas. Cuando mejor rendía el combinado celeste en 2020, apareció el Covid-19 o la maldición de la cruzazuleada. El arranque de 2021 no pintaba bien.

Con lo que parecía una debacle bastante pronto, el guardavallas que está a un penal atajado de empatar el récord de Oswaldo Sánchez en Primera División (25), describió cómo lograron cambiar el triste rumbo de la locomotora azul: Fue importantísima una charla que tuvimos después de esas dos derrotas en la cual cada uno expresó su sentimiento y qué podía hacer [para levantarnos]… Fue importantísimo [conocer] el sentir de cada uno, escucharnos, expresarnos y cerrar filas, saber que lo único que teníamos que hacer era prepararnos, trabajar, cerrar la boca y aceptar la crítica… A partir de eso, el equipo le dio vuelta a la moneda y fuimos líderes durante todo el torneo.


El actual portero con más arcos imbatidos en la Liga MX (190) —después de destronar a su colega y otro mítico cementero, Óscar Conejo Pérez (189)—, es JJ Corona y esa marca histórica la pudo conseguir más rápido gracias a la racha de doce victorias en el Clausura 2021, donde dejó en cero su meta durante nueve partidos de campaña regular y otros tres en Liguilla. Aunque parte del secreto para obtener esa novena estrella fue la solidez defensiva y el arco imbatible, el hombre récord de la Máquina señaló otros aspectos en el podcast deportivo para construir ese equipo de leyenda: Fue importante el grupo que se formó en ese momento, [hubo] mucha competencia interna. Eran entrenamientos muy intensos, una disputa en cada posición donde nadie se dejaba. Cada uno quería ganar los enfrentamientos. En interescuadras hubo momentos en los que teníamos que separar compañeros porque era tanta la intensidad con la que se entraba que había discusiones. Esa competencia deportiva y leal fue importante.

A pesar del buen paso fecha tras fecha, había crisis de resultados. Múltiples ocasiones la Máquina llegó a Liguilla como Súper Líder. Ante la inexplicable pandemia de vitrinas vacías y cruzazuleadas, se recurrió a otras situaciones más extra-cancha, por ejemplo, el coaching para el alivio mental. Y como toda la afición después, también se hizo popular la superstición, incluso entre jugadores. Eso sí, Corona atribuye todo el crédito de la Novena a seguir trabajando. La cábala que siempre he tenido es entrar con el pie derecho a la cancha. Es lo único, dijo al Dr. García y Martinoli. No utilizo prenda cabalera. En una ocasión vi a un padre llevar agua bendita al club y no funcionaba nada. Me revolvía en la cama pensando en cómo resolverlo [ser campeón]. Trabajo, entreno, me dedico, ¿qué hago? Bueno, fue seguir insistiendo.

Para nuestra fortuna y la suya, todos presentíamos algo esa noche del 30 de mayo de 2021 y Chuy Corona también. De inicio te juro que ya estaba seguro de que ésta (Final) era la buena. No había otra. No iba a haber otra oportunidad para mí por la edad y todo lo que había sucedido, porque también ahí se me terminaba el contrato y no había tenido renovación todavía, confesó el veterano arquero. Chuy, ahí en la mente me lo decía. Ésta la tenemos que ganar sí o sí. Nos olvidamos de todo y pensamos en jugar, en hacer lo nuestro.

Así de convencido estaba del triunfo el eterno capitán que durante su última atajada en pelota detenida frente a Santos —mientras Carlos Acevedo hacía de Moisés Muñoz al minuto 92 con 44 segundos y nos detenía el corazón a medio país—, me hizo recordar su despeje con los puños por delante en Juegos Olímpicos. Sin importarle daños a terceros ni a sí mismo, la determinación de Chuy para pelear la pelota contra Neymar Júnior en la Final de Wembley fue de púgil fajador y nos hizo sentir seguros, casi campeones desde el minuto 52, protegiendo la ventaja de 1-0 ante la Brasil de Hulk, Marcelo, Alexandre Pato y la joven estrella del Santos.

Idéntica sensación me hizo evocar su última estirada por la Novena. Corona hizo acopio del ímpetu de Londres en su salida ante el guardameta lagunero, fue al choque arriesgando todo por el todo y atenazó la gloria. En una región famosa por sus movimientos telúricos, Acevedo fue sólo una parodia de Muñoz, convulsión que apenas hizo sonar la alerta sísmica del corazón celeste. En cambio, Corona fue una réplica suya del Wembley de 2012, pero ahora en el Azteca. Su determinación provocó un sismo de emociones, cuyas sacudidas rebasaron el Coloso de Santa Úrsula y recorrieron la República mexicana.

Fue quitarnos una losa muy grande de la espalda, para nosotros y las familias que también lo sufren bastante, concluyó el ídolo cementero. Para todos ellos va dedicado [el campeonato], para toda esa gente que siempre estuvo con nosotros. También quiero agradecerle a la gente que reconoció ese triunfo y que no solamente eran de Cruz Azul sino de otros equipos.

Pese a una carrera grandiosa de 14 años y más de 500 partidos con Cruz Azul, Jesús Corona fue víctima de una limpieza general junto a otros históricos del club como Julio Cata
Domínguez (17 años) y Rafael Baca (9 años). El eterno capitán fue el último en irse, ya que no recibió una extensión de contrato y el 23 de junio de 2023 dejó de estar a las órdenes de Ricardo Tuca Ferretti. Si el estratega brasileño no trasciende en lo deportivo, su gestión en la Máquina será recordada por no respetar las vidas y carreras entregadas a Cruz Azul.

En una imagen inédita y sorprendente, un día después Yisus Crown fue presentado como refuerzo de los Xolos de Tijuana. Cosas del futbol.

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El histórico defensor de la resiliencia azul

Capítulo 1

Conjuro a traición. De sarcasmo a profecía

Treinta años sin ganar nada y siguen reclamando, se expuso la afrenta en televisión nacional durante las semifinales de la Copa por México, un 15 de julio de 2020. El de GNP era un título de pretemporada; pero para el aficionado azul representaba un breve consuelo tras la cancelación por pandemia del Clausura 2020, torneo donde el equipo de Robert Dante Siboldi mandaba como líder hasta la fecha 10. Pese a los reclamos e ilusiones, Cruz Azul también perdió ese trofeo de liga. Antes era sobre la hora y esta vez, sobre el escritorio. El sentimiento fue el mismo. La Liga MX determinó no declarar campeón a ningún club y de nuevo fuimos objeto de mofa. Nadie conocía aún los modos de burla que podría inventar el destino para todos los azules.

Ningún fan del club podrá olvidar esas palabras, aunque no por los motivos de Javier Aquino Carmona. El insulto era familiar para nosotros; pero la voz del sarcasmo, el autor de esa condena, fue una traición inesperada luego que los celestes ganaran la tanda de penales en la copa GNP. Vieran que salí de ahí. Treinta años sin ganar nada, fueron las primeras palabras de Javier, extremo de Tigres, tras un conato de bronca entre Dante Siboldi y Guido Pizarro. En tantos años de duelo por perder seis finales de Liga y dos contra el América, el corazón de la afición azul se ha hecho cada vez más de piedra; pero por quien había lanzado tal presunción, la frase caló muy hondo. Por ser de cuna celeste, podría considerarse hasta abuso de confianza. Aquino conocía las entrañas de La Noria, las vitrinas y los mitos de la institución. Por ende, se había roto cualquier lazo de cariño y la gente se lo ha hecho saber en el Estadio Azteca y por redes sociales hasta el hartazgo.

Javier Aquino conocía las heridas de guerra desde fuerzas básicas; sabía la urgente necesidad de un campeonato después de luchar por ello durante cinco años con el Cruz Azul en el circuito estelar. En ese lapso la Máquina le arropó como el hijo pródigo. El extremo oaxaqueño tuvo la exposición suficiente para ser seleccionado nacional y luego ganar el oro olímpico en Londres 2012 junto a Chuy Corona. El club lo vendió rápido al Villarreal y el jugador añadió su nombre a la breve lista de canteranos enviados con éxito a Europa como Paco Palencia, Aarón Galindo y Ricardo Osorio —recién Santiago Giménez—. Incluso, en el Clausura 2013 Aquino se despidió en un gran partido contra el Puebla, donde metió un golazo tras dos paredes con Teófilo Gutiérrez y Mariano Pavone. Se fue a festejar con la grada y puso sus manos en el escudo que besó. Era hecho en la institución y orgullo de su fanaticada.Por eso, cuando Aquino Carmona parecía haberse esfumado del club que lo hizo debutar, más allá de repatriarse con Tigres y campeonar cuatro veces con ellos —reconocimiento ineludible—, su regreso a la memoria de la afición celeste fue rutilante gracias a sus incisivas declaraciones: Treinta años sin ganar nada y siguen reclamando.


No obstante, hubo una resolución más dulce para este drama. Aquino señaló un receptor del mensaje, un cementero de cuna igual que él, pero leal por 17 años a la misma camiseta: Dale, Cata, levanta la copa, levántala. El trofeo era de corcholata, eso lo sabíamos; pero el agravio vino por lo demás. Echó sal a una herida aún abierta e hizo blanco de sus burlas a un histórico defensor que no había sido campeón de liga.

Pese a su fidelidad con el club cementero, los detractores del Cata le han tildado de bulto y el malo del cuento en esta etapa de finales perdidas. El canterano nacido en fuerzas básicas tal vez no era el más técnico con la pelota o rudo sin ella, quizá no lucía como en su mejor época; pero el tipo quería resarcir su andar con el club. Sin pretenderlo, Aquino dio un enemigo en común a las hordas de fanáticos molestos por los manejos del expresidente Billy Álvarez, las gestiones de vestuario, la pésima suerte en cancha… Cuando parecía que no había más razones para enfurecer, Javier vino a inmolarse. ¿Era su acto de redención? ¿Quería distraer a los calumniadores del Cata con su figura de traidor e ingrato?

La Máquina quedó campeón del torneo amistoso tras vencer a Chivas 2-1 en la final; pero la frase del extremo izquierdo comenzó como otra cábala de mal augurio y pronosticaba un año maldito para el Azul en el Apertura Guardianes 2020. Y en cierta medida lo fue porque a raíz de su sentencia vino otro semestre dulce con desenlace amargo.

Aun así, la maldición del Cruz Azul como subcampeonísimo fue perdiendo fuerza. O el conjuro de Aquino carecía de malevolencia y se convirtió pronto en profecía. No lo sé, pero la cuenta de títulos fue en aumento desde la pronunciación de Javier contra sus viejos colores. Insisto, el efecto no fue inmediato, ya que se caminó por un semestre igual de tortuoso que en el pasado; pero la profecía se cumplió y varias veces: Dale, Cata, levanta la copa, levántala.

El Cruz Azul dio un giro a su larga agonía de títulos y en corto tiempo se convirtió en el equipo más ganador entre 2018 y 2021. Eso sí, la limpia que hizo la bruja Zulema a La Noria y al Estadio Azul no tuvo nada que ver. Más mérito tuvieron Paco Jémez, Pedro Caixinha, Dante Siboldi, Juan Reynoso, Cata Domínguez y Chuy Corona como referentes. La nueva cara del club cementero comenzó un 31 de octubre cuando derrotaron por 2-0 a los Rayados de Monterrey en la Copa MX del Apertura 2018. Posteriormente, los de la Noria ganaron la Súper Copa MX a Necaxa el 14 de junio del 2019 en California, Estados Unidos, por marcador de 4-0 y después en ese mismo año la Leagues Cup a Tigres (1-2). Sin embargo, la mayor victoria fue en el torneo Guardianes 2021, cuando el 30 de mayo se logró romper una maldición que nos tuvo 23 años sin corona del certamen doméstico. En la Final de Primera división ganó a Santos Laguna por marcador global de 2-1, gracias a la mayor conquista del Cabecita Rodríguez.

En un festejo Catá-rtico, apenas puso fin el silbante al partido de Vuelta, Julio Domínguez celebró hasta las lágrimas a mitad de cancha en el Estadio Azteca. El canterano más longevo del club tenía su anhelado desquite. Fueron 15 años de perseguir mi sueño. El apoyo de mi familia fue importante para esto. Se me dio [el campeonato], dijo el defensa central esa noche. Efigie de resiliencia y fidelidad a un club, de ésos que ya no se ven con apego a la camiseta como Francesco Totti con la Roma o Alessandro del Piero con la Juventus, así veré siempre a Cata. El futbolista chiapaneco soportó las críticas en redes, el hashtag #FueraCata y los gritos en el estadio local: su casa en el Azteca, cuyo terreno debía ser refugio, se convirtió en campo hostil por el mínimo error.

Por su parte, Bryan Angulo, también artífice de la Novena desde el banquillo, sucumbió a los ataques de la grada y se marchó a medio torneo Clausura 2022. En cambio, Julio César ha permanecido en la institución pese a los abucheos, desprecio y malos resultados. De todo lo que he pasado he tenido más tristeza por las finales que hemos perdido que campeonatos, dijo Domínguez Juárez cual faquir de la Máquina en entrevista con Javier Alarcón. Gracias a Dios llegó el fruto después de tanto tiempo, que fue la novena; pero nunca desistí de ese sueño. Siempre lo tuve en mente.

Hermoso episodio también fue cuando a la par del eterno capitán, José de Jesús Corona, el Cata alzó el título. Fue una estampa que quedará para el recuerdo de todos y cuya imagen con Yoshimar Yotún ocupando el primer plano en un salto de júbilo, se llevó el premio a mejor fotografía en la categoría de futbol en el World Sport Photography Awards 2021. La autora fue la mexicana Eloísa Sánchez de Alba.

Esa noche ganamos todos. El país quería ver a Cruz Azul con su campeonato y se le cumplió su deseo. Había escuchado de la voluntad de la masa, del poder otorgado por la comunidad a través del rezo y plegarias para provocar acontecimientos. Si todos lo quieren, va a suceder; pero las buenas intenciones en redes sociales, toda esta buena vibra alrededor, parecían insuficientes para gestar lo inverosímil hasta que pasó. Es una cálida sensación de apoyo sin reservas ni colores. Y el futbol me ha enseñado gestos igual de solidarios. Vimos la misma empatía y anhelo colectivo, a nivel nacional y fuera de nuestras fronteras. Sucedió un torneo después con los Zorros del Atlas y su título tras 70 años; sucedió en Qatar con Messi y su Copa del Mundo. Ante la ausencia de Cristiano Ronaldo y Portugal en el desenlace del certamen, el universo fue más justo con el fin de una época llena de récords y galardones. Así de razonable fue el futbol con Cruz Azul y sus millones de fanáticos. Sólo había que tener paciencia, como bien dijo Cata: Nunca es tarde. La resiliencia y la perseverancia pueden lograr su objetivo. Tarde o temprano llegan [...] Durante tantos años nunca desistí de ese sueño y se logró gracias a Dios.


El fin de la tragedia solo fue el inicio de una etapa dulce, ya que el equipo celeste alargó su racha de trofeos. Obtuvo la Copa de Campeones 2020-2021 ante el Club León por resultado de 2-1. Asimismo, tras el campeonato de Atlas en la Liga MX, ambos conjuntos compitieron por la Súper Copa MX 2022, ya que eran los últimos clubes en haber ganado torneos de Liga. El Azul definió el título en la tanda de penales con Santiago Giménez como figura y Julián Quiñones como villano.

Pese a las críticas de su propia afición y burlas de aquellos “hermanos” de cuna futbolística, Julio Cata Domínguez levantó el último título con la Máquina en 2022 como un ícono de la zaga celeste. El defensor con 655 juegos y 17 años de carrera lo ganó todo en México portando un solo jersey desde su debut profesional en 2006 y deja una linda trayectoria antes de colgar sus tachones.

Dale, Cata, levanta la copa. Levántala, predijo Javier Aquino en 2020 con efecto retardado para el siguiente año. Lo que no anticipó el extremo mexicano fue que el histórico central sería baja del plantel cruzazulino un 27 de mayo de 2023. La directiva no renovó su contrato y dejó ir por la puerta de atrás a un jugador institucional que pensaba retirarse en casa. Entonces Julio César haría lo impensado a sus 35 años: fichar por el Atlético de San Luis y disputar el Apertura 2023 con el rojo y blanco en su indumentaria.

Se siente un vacío en el estómago, no esperaba esta situación, pero estoy tranquilo, confesó el futbolista chiapaneco a León Lecanda en entrevista para ESPN. Me hubiera gustado retirarme acá porque durante tantos años sólo he defendido una playera. Desde niño amo estos colores. Desafortunadamente es así, los ciclos terminan. Entregué todo por el club, a esta gran institución, con ese profesionalismo durante tantos años…

Gracias, Cruz Azul, por abrirme las puertas y poder cumplir mi sueño que le prometí a mi padre y familia en debutar y ser campeón en el equipo de mis amores, publicó Cata Domínguez en Instagram con su último mensaje como cementero. Hoy me toca despedirme con nostalgia y felicidad, pero sobre todo en paz, les deseo mucho éxito y que Dios los bendiga.



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Introducción a mi libro de crónica y viñetas sobre La Novena celeste

En 2019 odiaba el futbol. No sé si sería por el aumento de deberes en mi trabajo como profesor de prepa y la falta de tiempo para ver los partidos; no sé si sería por la mala gestión de Cruz Azul a partir de 2013, ya que la final del 2018 fue desabrida y rotundamente decepcionante; no sé si sería por mi sobreexposición al futbol llanero y profesional como reportero para Zócalo Saltillo allá en 2012… O quizá fue la suma de todo, pero no recuerdo nada épico ni emocionante para hacer memorable la Era Boing[1]. La Máquina jugó contra el Real Madrid de Cristiano Ronaldo en el Mundial de clubes 2014, pero sucedió antes del oscurantismo patrocinado por la marca de bebidas.

En esa época tan gris, el vínculo entre el club y yo estaba roto. Sin embargo, del odio al amor sólo hay un virus. El bicho que se haría famoso en el mundo cambiaría mi relación con Cruz Azul; pero no hablo del ídolo portugués, intérprete original del Siiiuuuu y antagonista de Messi por quince años, sino del SARS-CoV2 y todas sus variantes.

Previo a una reunión de padres en febrero, vi la primera noticia en YouTube relacionada con la enfermedad y fue en un canal que no conocía: Mandarín Lab. Una joven mujer con rasgos orientales resumía la nota en español y desde China, porque no les dejaban abandonar el país. Desde la comodidad de mi cama, juzgué el acontecimiento como algo fuera de mi alcance… Hasta que el 27 de febrero de 2020, según recuerda el Dr. Paco Moreno en Historias de una pandemia (2022), se informó oficialmente la presencia del primer caso de Covid-19 en México. Enseguida, el 11 de marzo del mismo año la Organización Mundial de la Salud clasificó el coronavirus como una pandemia, ya que afectó a tres de los seis continentes. A partir de este anuncio, vino una sucesión atropellada de eventos.

De acuerdo con El Economista, la junta de dueños en Asamblea Extraordinaria de la Liga MX acordó concluir anticipadamente el Clausura 2020 en sus ramas varonil y femenil. Los dos torneos de liga ya habían suspendido su actividad el 15 de marzo tras disputar la décima jornada. Trascendió que varios clubes no quisieron enfrentar ni viajar a la sede del Santos Laguna tras presentarse 12 positivos por coronavirus en las filas de los Guerreros. Para entonces Cruz Azul iba de líder en la competencia y Cabecita Rodríguez se enfilaba como máximo romperredes. La Máquina sólo sería víctima de otro chasco inédito, mofa que requería una calamidad de escala mundial para rematar el chiste: cancelaron el torneo.

Y, con tan mala suerte para nuestro club, que ni siquiera hubo campeón por su posición en la tabla.

Según datos del diario Récord, tuvieron que pasar 88 años y 114 torneos consecutivos para que el trono del futbol nacional se quedara vacante. El único precedente se remonta a la temporada 1930-1931, cancelada por la separación de los clubes España, Necaxa y América de la Federación Mexicana de Futbol.

A su vez, en un caso igual de insólito, la SEP suspendió clases un 20 de marzo de 2020 para 30 millones de jóvenes estudiantes, adelantando las vacaciones de Semana Santa hasta el 20 de abril. Después tuvo que alargarlas y dio inicio al Megapuente de Benito Juárez. Durante los primeros días del cese a la educación presencial todo fue risas y celebración entre mis alumnos de bachillerato. No anticipamos lo que duraría el encierro, tampoco el miedo ni la incertidumbre. Teníamos a hora y media de camino a la ciudad más famosa del país por un violento brote de la enfermedad. Monclova, Coahuila, fue llamada la Wuhan de México.

El Hospital General de Zona No. 7 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) fue la zona cero, el epicentro, donde se contagiaron y murieron médicos, enfermeras y pacientes, quienes esparcieron el virus a toda la ciudad, informa el periódico El Siglo de Torreón. El Paciente Cero, que trajo el virus a Monclova, lo habría adquirido en Chicago, Estados Unidos, en un viaje de trabajo […] Se trataba de un operador de camiones de quinta rueda que llevó un cargamento a la unión americana, donde fue contagiado. El operador de tractocamiones, de 42 años y originario de Piedras Negras, ingresó el 15 de marzo de 2020 a la sala de urgencias con un cuadro respiratorio agudo diagnosticado como neumonía.

Fui afortunado. Soy consciente de mi privilegio como servidor público por haber sido trabajador “no esencial”, ya que se nos permitió dar clases vía remota desde nuestro domicilio; aun así, aunque fuera por voluntad propia, estuve en cautiverio. ¿De qué forma padecí el encierro sin perder la cordura durante casi dos años? Tuve un par de salvavidas para mantenerme en mis cabales: Cruz Azul y el dibujo. Bien lo dijo Eduardo Sacheri tiempo después para Exceso de humo, podcast de Christian Martinoli y Luis García: A veces, el futbol, el juego en general […] viene a cicatrizar heridas que nacen en otros sitios, viene a enderezar injusticias que se crean en otros lados. Más allá de la otra epidemia —cero títulos de liga para Cruz Azul desde 1997—, no había peor agonía para mí que la incertidumbre por culpa del coronavirus, sobre todo para alguien que se tomó las medidas de prevención muy en serio, en un afán de no abusar de su suerte como docente. Sin embargo, vaya idilio de tres temporadas que tuvimos con el club de La Noria. ¿Quién iba a adivinar que el once cementero nos daría espectáculo y aspiraciones de campeonato durante tres torneos consecutivos? ¿Quién creería que en un semestre la Máquina de Juan Reynoso nos daría salud mental durante la cuarentena y luego la cura para la subcampeonitis?

A lo largo de los meses en el claustro de mi domicilio, como una Sor Juana sin talento ni devoción por el estudio o la creación literaria, me dediqué a una faena que había olvidado por 15 años: dibujar. Todo 2020 fui un disciplinado autodidacta del grafito, el carboncillo, el color y sobre todo la tinta. Empecé dibujando conocidos de mis redes sociales, luego cumplí retos como el Inktober. Preocupado por mi bienestar y el de mi familia, no tuve cabeza para escribir ficción, leer o ponerme a estudiar —aunque por años pedí tiempo para hacer cada una de ellas—. Dar mis clases a distancia me mantuvo atento a la realidad de estudiantes y familias. Me comunicaba más por audios que por texto para dar prioridad a mi nuevo pasatiempo mientras los oía: hacer retratos, viñetas o cartones sobre futbol. No vi películas, series ni documentales como el resto de la humanidad. No me puse al corriente con Netflix ni su competencia. Apenas fijé mi atención en el papel y lápiz, me aficioné a los podcasts de YouTube y los partidos de Cruz Azul para llenar el silencio de la habitación donde hacía mis ilustraciones.

El club de La Noria fue conocido en México como el subcampeonísimo, pobre alarde del que queda en segundo lugar por la mínima diferencia. Incluso, cruzazulearla rebasó las fronteras del argot pambolero hacia otros campos lingüísticos. Ahora es de dominio público y sinónimo de perder en el último minuto. No es avalado por la RAE todavía, pero poco le falta. Varios curules americanistas, por ejemplo.

La etiqueta de frustrado ya tenía dueño. Por eso, la constante derrota y humillación forjaron la letra escarlata del aficionado cementero, marca a hierro candente sobre el perdedor más cercano a la meta. Seis ocasiones consecutivas fuimos señalados por la ignominia del acero —a cero títulos— y dos por el América. Fracaso tras fracaso en la última instancia, ¿qué nos queda por hacer? ¿Una apología del segundo lugar? David Foenkinos lo hizo en su novela Número dos: Puede que la vida humana se resuma en eso, en una incesante experimentación de la desilusión, para desembocar con más o menos suerte en la gestión del dolor.

Sus palabras no me dieron alivio ni esperanza alguna en un principio, pero me invitaron a perdonar a la Máquina y a escribir este libro con 35 capítulos y más de 60 cartones. Vaya que los fanáticos de corazón azul somos buenos administradores del desencanto. Tras obtener el añorado título de liga, mi gestión del sufrimiento celeste encontró cauce en un proyecto que comenzó de juego y acabó con más de cien páginas en un año de escritura. A fuerza de tanto perder finales y soportar la desilusión, la fe del cruzazulino se hizo recia y paciente. Incluyendo la mía para redactar esta suerte de ruta cabalística hacia la Novena, bitácora del campeón juego a juego y carta de reconciliación con el club para perdonar dos décadas de espera.

La cura estaba en la derrota, mía y suya. Bien lo sintetiza el futbolista Lorenzo Faravelli a La Nación: Para ganar, primero hay que perder. Perder es necesario. Perder no solo en el fútbol, en la vida. Los momentos en los que más crecí como ser humano fueron después de una crisis. Encontré soledad y crecimiento personal. Fue cuando más me conocí. En los momentos malos, en los fracasos […] Eso te da una fortaleza y le da otro valor al triunfo.

Como si fuera compensación por todas las tribulaciones pasadas, el conjunto celeste tuvo su más alto rendimiento en año y medio. En ese lapso dominó la Liga y Concachampions. Fui testigo de sus resultados y capturé desde el restirador su hazaña o fracaso en una caricatura. Hoy persiste el hábito de ilustrar cada juego[2]. La crónica, mentiría si no, la escribí más tarde con profundo placer y nostalgia. Paladeando el recuerdo con palabras de experiodista, parodiando la hazaña con mis trazos de monero principiante.

Este año es el bueno fue una expresión de la nación azul que pregonaba un optimismo desbordado, e injustificado para algunos, hasta que en 2021 se cumplió la cábala. Siempre se deseó el campeonato pese a las frustraciones pasadas; siempre hubo fe a pesar de la pandemia, ya sea de coronavirus o vitrinas vacías. De segundo a segundo por 23 años, Cruz Azul cultivó la fama de subcampeonísimo y de perder en el último minuto. Hacerle una remontada se volvió el mayor refrito del futbol nacional. Sin embargo, en el Clausura 2021 el club cementero por fin dejó de ser el número dos gracias a un equipo de leyenda.

Bendito futbol. Gracias a Juan Reynoso, Cabecita Rodríguez, Luis Romo, Ignacio Rivero y compañía, nos reconciliamos la Máquina celeste y yo. Pude sacar la tensión por estar atrapado en casa, pude distraerme de las fake news y su apocalipsis, pude celebrar un título en medio del caos, pude gritar de júbilo en tiempos de zozobra. Antes que la vacuna, Cruz Azul fue remedio para aliviar el desasosiego; fue un cantar de gesta con héroes de carne y hueso que planteó un horizonte más optimista. Ganar la Novena, medicina placebo de la angustia, nos alivió el corazón y profetizó el fin de un período terrible, tanto futbolístico como sanitario.

Miguel García, 2023.

Enlace a Azulado en cuarentena. Crónica de una novena anunciada (2023), libro de venta en Amazon y Kindle.

[1] Si usted no es aficionado a la Máquina, tal vez se le escape esta referencia; pero Boing fue el patrocinador oficial del club y su etapa como tal desde el Apertura 2015 hasta el Clausura 2017 fue bautizada por los fanáticos cementeros como la Era Boing. La marca de bebidas encabezó los patrocinios del equipo y su época estuvo marcada por malos resultados y jugadores adquiridos por un precio mayor. Bajo el mando del DT Paco Jémez, Cruz Azul volvió a su primera Liguilla en diciembre de 2017, cuando Boing ya no lucía su marca en el pecho de la casaca celeste. ¿Casualidad?


[2] Visita mi fanpage de Facebook “Azulado en cuarentena, cruzazuleadas y cosas peores”.

Azulado en cuarentena

Atlas que sostiene a Cruz Azul rumbo a Semifinales